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Rated R: ni una nota en su sitio, pero qué más da

Posted in Divas, Payasas with tags , , , , , , , on 15 noviembre 2009 by vescomoeresunazorra

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Escucha Rated R

 

Ante una propuesta tan desconcertante como la de Rated R (tres singles, estilismos infernales, dramatismo de callejón) es fácil olvidarse de algo que hay que tener muy claro: Rihanna vale tanto como su último single. Canta realmente mal, no sabe bailar y no es particulamente carismática ni inteligente. ¿Por qué demonios ha alcanzado semejante estatus de estrella? Muy simple, aparte de estar buena, Rihanna ha tenido la suerte de que le hayan regalado absolutos TEMAZOS, y ella ha sabido disimular que habrían sidos hits mundiales independientemente de quien los cantara.

Dicho esto, es injusto condenarla a ella si fracasa, del mismo modo que en ningún momento se mereció la adoración que recibió cuando le iba bien, pues su implicación en sus proyectos es nula. A pesar de eso, hay que escuchar Rated R como lo que es: un conjunto de canciones inofensivas interpretadas por la marioneta más lujosa del momento.

 

 

Mad house. Nada como una intro para entonar al personal. Además así parece que el disco tiene cohesión e intenciones. “Come on in”, Rihanna se hace responsable de un proyecto que no le pertenece. Allá ella.

6/10

Wait your turn. Empezar con una basura r&b es muy mala idea si espera que alguien le haga caso en Europa, sobre todo teniendo en cuenta que la melodía del estribillo es hasta bonita. Pero la producción convierte el tema en una mierda urbana mil veces oída. “I’m such a fucking lady”, asegura ella. Muy bien, pero las señoritas no dicen tacos (ni se visten como putas).

2/10

Hard. El temazo del disco, a pesar de que el rap dura media canción. Todo el mundo sabe que si sampleas a Michael Jackson (en este caso Can you feel it) nada puede salir mal. Vocalmente es un espanto, pero el ritmo es irresistible y es imposible no levantar los brazos, lo cual por supuesto es más que suficiente para amarla. Aprovecharemos el trozo del rap para ir a la barra.

8/10

Stupid in love. Otra canción buena, y esto sí que no nos lo esperábamos. El rollo old school le queda a su voz como a un cura dos pistolas, pero la base tiene chasquidos de dedos, CHASQUIDOS DE DEDOS. Así que ya estamos vendidos. La mente y el talento que está detrás de esta canción es el gran Ne-Yo, y Rihanna se limita a cantar como él, seguramente porque él le pasó una demo y ella debe creer que “arreglo vocal” es lo que te hace el dentista. Atención a los momentos en los que Ri transmite emociones (!), es como ver a un hijo bakala ir a la universidad. No obstante, esperemos que alguien con talento grabe la canción porque tiene mucho potencial. Vamos, que alguien filtre la demo de Ne-Yo si es tan amable.

9/10

Rockstar. Primera canción insoportable del disco, todo vuelve a la normalidad. Es bastante cutre cuando las chochi-divas de segunda van de estrellas del rock, lo cual para ellas significa ponerse una cazadora de cuero y decir tacos. Pues muy bien. No tiene sentido que la guitarra esté presente durante toda la canción cual altavoz lleno de mierda y que la base sea tan floja y tan r&b. “Asegúrate de cachearme bien, y no olvides mirar en mis medias y en mi sujetador”. Rihanna es una chica sutil y está orgullosa de ello.

1/10

Russian roulette. Fracasado single del que ya hablamos en su momento. Una buena elección a pesar de todo, es una canción con matices y que no se agota. Quizá un remix machacón no le vendría mal, y las mamarrachas de todo el mundo se quedarían contentas.

9/10

Fire bomb. Una sorpresa en forma de balada pop, tan predecible y tópica como os podáis imaginar. Es decir, que nos encanta. Tiene hasta efectos sonoros en plan fuego, porque ella está que arde. METÁFORA.

8/10

Rude boy. Es más o menos lo que haría Lady Gaga si en vez de estrella fuera peluquera. Tiene su gracia pero le falta todo lo demás. Repite tanto las palabras que es imposible seguir la letra, que intuimos fascinante. “Take it take it, baby baby, take it take it, love me love me”. No entendemos su existencia.

1/10

Photographs. Clarísimo descarte de The E.N.D. y rumoreado próximo single. Will.i.am. es fantástico, lo suficiente como para que dé igual la putita que elija para grabar sus temas. Es agradable de escuchar, y Rihanna no da tanto asco como Fergie.

6/10

G4L. Cuando el título de la canción ya tiene faltas de ortografía no habría ni que darle una oportunidad. Esta basura da lo que promete, ni 50 Cent se prestaría a grabar esta chorrada. Realmente molesta. Es increíble que la letra no diga absolutamente NADA. Ha debido escribirla ella.

1/10

Te amo. Normalmente cuando las estrellas se ponen latinorras da mucha vergüenza ajena, pero esta canción comparte podio con La isla bonita en el premio “canciones que justifican la existencia del español”. El sonido no es tan Azúcar Moreno como cabría esperar, es muy melancolía de discoteca, muy “sí, estoy triste pero no dejaré de bailar como una guarra”. Realmente bonita, si alguna vez os dejan tiradas en Acapulco, no os agobéis, porque ya tenemos banda sonora para la ocasión y por tanto todo saldrá bien.

9/10

Cold case love. Rihanna intenta cantar de verdad, y digamos que el resultado no es insoportable. Pero tampoco bueno. Hay un violín, un piano y, oh dios, ¡hay subidón final! Si seguís despiertos para entonces viviréis uno de los mejores momentos musicales del disco. Vocalmente, Rihanna parece no enterarse de que es el momento de cantar una octava más alta. Ella a lo suyo, probablemente depilándose las piernas mientras graba. Una pena, porque la producción es impecable.

6/10

The last song. Momento introspectivo, emocionante, climático, teatral… que suena a banda sonora de Hilary Duff. Las estrofas son fantásticas y no podemos esperar a conseguir la versión instrumental, sin graznidos de por medio. El punteo de guitarra es puro Melrose Place. Cómo sabe conquistarnos la cabrona.

7/10

 

En definitiva, un disco bastante bueno y sorprendentemente elegante (tras borrar las cuatro mamarrachadas de iletrada). La producción es fantástica y el tono es muy meláncolico. La misma melancolía que se nos queda a nosotros al pensar lo grande que podría haber sido de caer en manos de Beyoncé alguien que sepa cantar. Pero la realidad es así de puta, y nos toca aguantarnos. Al fin y al cabo en la discoteca no se la oirá a ella, lo cual por cierto es la única explicación de su éxito.

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